Salía de casa con el pelo recién peinado y, veinte minutos después, el reflejo de un escaparate me devolvía la verdad: esponjado, encrespado, como si no me hubiera tocado el pelo en días. Daba igual la laca, el sérum o la media hora de secador con cepillo. En cuanto había humedad, mi pelo hacía lo que le daba la gana. Si te suena, no es cosa tuya: es tu fibra capilar pidiendo ayuda. Y nadie te explica por qué pasa.