Llevo más de diez años tiñéndome. Rubio, mechas, balayage… lo he probado todo, y lo volvería a hacer: con mi color me reconozco. El problema es lo que nadie te cuenta: un día te tocas el pelo y notas paja. Otro día, el cepillo sale lleno. Y al final llega la frase que ninguna quiere oír en el sillón de la peluquería: «o paramos, o cortamos». Yo no hice ninguna de las dos cosas. Esto es lo que hice en su lugar.